Lee atentamente el siguiente testimonio del empresario Fortunato Márquez, el cual salió publicado en el libro "Rostros del Comercio Exterior" y responde las siguientes preguntas.
- ¿Dirías que el señor Márquez es emprendedor? ¿Se podría considerar como un pionero?
- Basado en lo que cuenta con respecto a su vida, ¿cuál dirías que es la actitud del señor Márquez con respecto al riesgo y a la incertidumbre? ¿Le ha resultado provechosa dicha actitud?
- De lo que puedes leer en el texto, ¿qué tan importante crees que consiera el señor Márquez el estar siempre informado? ¿En qué momentos del texto se evidencia esto? ¿Qué tan importante para su éxito crees que ha sido?
Repasa las características empresariales. ¿Cuáles dirías tú que el señor Márquez tiene y ciáles le recomendarías desarrollar? ¿Cuáles consideras que fueron cruciales para su éxito?
- Repasa los rasgos empresariales recomendados por el Consejo Nacional de Educación Económica de los Estados Unidos. ¿En qué nivel dirías tú que el señor Márquez tiene cada rasgo? ¿Cuáles consideras que fueron cruciales para su éxito?
ALIMENTO MILENARIO
Su instinto natural para los negocios lo guió hacia el verdadero camino del éxito: la exportación a gran escala a Estados Unidos y Europa. Su crecimiento no se detiene.
A diferencia de lo que ocurre al común de los mortales, la cebolla no hace llorar a Fortunato Márquez. Al contrario, sobre esta hortaliza milenaria –se dice que su historia se remonta a 3,500 años de antigüedad –este personaje ha construido un negocio que lo ha convertido en el “Rey de la cebolla”, y así se le conoce en el agro nacional. Auténtico miloficios de nuestros días. Fortunato ha probado suerte como ambulante, vendedor de abarrotes e inversionista en la Bolsa de Valores. Pero fue con la agroindustria en donde logró echar raíces para hacer crecer una historia de prosperidad.
Fortunato Márquez.
Le puse su techo de calamina y un rótulo que decía “Súper Market – Mayorista”. Como el negocio creció pude contratar a mis paisanos que también migraban a Lima. En 1987 ingresé a la Universidad Federico Villarreal para estudiar administración de empresas. Por esa época me animé a invertir en la Bolsa de Valores. Con las ganancias me compré otro terreno en Canto Grande. Allí puse una pollería y tres farmacias. Luego abrí cuatro locales más en el centro de Lima y un hostal en Canto Grande. Así diversifiqué mis inversiones. De la ciudad al campo.
Una noche vi en un programa de televisión que Chavimochic era una buena alternativa para la agroexportación. Al día siguiente compré mis bases y me asesoré con un economista para participar en una subasta. Me adjudiqué 57 hectáreas para sembrar espárragos. Vendí todas las propiedades que tenía en Lima, incluyendo mi casa, para desarrollar el negocio. Pude reunir cerca de 250 mil dólares.
Todos en Chavimochic perdimos. Me asesoré y decidí cambiar el espárrago fresco por el blanco. Fue un éxito porque el precio de este cultivo era bueno. La lección del espárrago me enseñó que tenía que diversificar. Sabía que el consumo de alcachofa, espárrago verde, cebolla y otros productos había logrado aceptación en Europa.
Elegí la cebolla porque supe que en los meses de agosto, setiembre, octubre y parte de noviembre, los agricultores de México, Costa Rica y Chile – que abastecen al mercado internacional – no tienen cosecha y se eleva el precio en Estados Unidos y Europa.
Planifiqué mi siembra para que mis cosechas de cebolla se inicien en agosto y así lograr que la venta me favorezca. Lo hice y ahora cosecho cebolla en los meses que otros países no pueden producir. Reuní un equipo de ingenieros agrónomos que lograron clonaciones de cultivos de cebolla roja y amarilla. Ahora, nuestra producción en cada campaña es de 60 toneladas métricas por hectárea. Exporto a Estados Unidos, España, Ecuador, Colombia y Venezuela.
La cebolla es la hortaliza de mayor importancia económica mundial después del tomate. Se utiliza como alimento, condimento y hasta como medicina. La demanda mundial por este producto presenta una tendencia creciente. Nuestra perspectiva a corto y largo plazo es tener nuestra propia marca para comercializar nuestros productos en el mundo. Ahora tengo 133 hectáreas más. La mayor parte está destinada a cultivar cebolla, pero mantengo un área para los espárragos.
He tenido que implementar tecnología de riego para elevar la productividad y, de esta manera, reducir mis costos, porque en la agricultura se tiene que usar tecnologías modernas, investigar mercados y contar con equipos para tener una agricultura igual o mejor que la europea o americana.
Con los bancos no tengo problemas, todos confían en mis productos. He logrado hacer una maestría en Producción Agrícola. Planifico mi trabajo, hago estudios de mis cultivos y mercados. Es importante que el propio empresario conozca lo que produce y que está en el campo todos los días. Ahora me dicen “El Rey de la Cebolla”. Es que en el Valle de Virú hemos superado la producción de Arequipa. En mi fundo producimos una variedad de cebollas que hemos logrado obtener después de varios injertos y que ahora tiene buena aceptación en los mercados de Estados Unidos y Europa.
Texto extraído de la revista "Rostros del Comercio Exterior" publicada por el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, enero 2005.
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